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lunes, 25 de enero de 2016

Cuento tonto #35

WagVal F.C

Cuento tonto #34

WagVal F.C

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuento tonto #33

WagVal F.C

Muchos temen ser parte del olvido, pero más debería temerse el no poder recordar a quién se ha olvidado. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

Cuento tonto #32

WagVal F.C
Su relación duraba los primeros 20 días de cada mes. Se conocieron en Tinder. Se gustaron en Facebook. Se hablaban por WhatsApp. Hasta que se acababan los megas, y entraban en ese limbo cibernético e intermitente, que solo superaban el primer día del mes siguiente.

Cuento tonto #31

WagVal F.C

En el apacible andar solitario del que se pasea por la ciudad sin mayores pretensiones, hay grandes cuotas de felicidad, ya que el que logra ser feliz solo, es feliz con la vida, lo único que de verdad nos pertenece. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Cuento tonto #30

WagVal F.C

He visto la felicidad manifestarse en distintos niveles. La niña que recibe el Mercedes de cumpleaños, y el hombre del semáforo que recibe los cien pesos de la niña que va en su Mercedes cero kilómetro. 

Cuento tonto #29

WagVal F.C
El amor le había hecho el quite durante mucho tiempo, hasta que él dejó de moverse, y se encontraron de golpe.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Cuento tonto #28

WagVal F.C
Lavó la loza con la misma determinación de siempre. Escudriñó cada espacio del último plato, esperando no olvidar retazos de comida. La recordó, con la misma paciencia que entregaba al refriegue, esperando limpiar de su memoria aquellas manchas que no permitían recordarla con la claridad que quería.

martes, 24 de noviembre de 2015

Cuento tonto #27

WagVal F.C
No todos los días se logran alinear los planetas. Ese día, sin embargo, parecieron al menos ponerse de acuerdo para que nosotros nos encontráramos, de súbito, en ese lugar que tantas otras veces frecuentamos, cuando el universo aún no se enteraba de lo nuestro.

Cuento tonto #26

WagVal F.C
No le molesta la vida ni menos su realidad, pero a veces, cuando las cosas se ponen demasiado feas, prefiere sacarse los anteojos y dejarse llevar por lo desdibujado de la ceguera momentánea.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuento tonto #25

WagVal F.C
Jugaron al misterio durante mucho tiempo. La costumbre los hizo imberbes amantes que se agotaron en la búsqueda de la solución. Cuando ya era demasiado tarde, descubrieron en sus rostros que el juego ya no era juego; era culpa, por no haber tomado en cuenta la posibilidad de perderse en el camino.

Cuento tonto #24

WagVal F.C
La espuma blanca y amarga quedó sobre el bigote. Había llegado a ese punto en el que no percibía el tiempo y su prudencia, por lo que los sorbos eran constantes, casi como un concurso de apuro.
Eso explicaba, en parte, su estado actual. Arrastraba las palabras que se tropezaban con una lengua cada vez más adormecida. Posaba su codo sobre la barra y con una sonrisa ingenua buscaba apoyo en el brazo.
Su mirada se entrelazaba con las muchas personas y el constante murmullo lo hacía creer que de pronto alguien se acercaría a entablar una conversación.
Mas eran quimeras. Su realidad era demasiado ajena a la norma promedio que se manifestaba en aquél bar. Por muy buenas intenciones que tuviera, él era al que se debía evitar, por sus movimientos errantes, por su derroche de incomodidad.
Muy cerca estuvo de ser abatido por más de algún cualquiera que tuvo la mala fortuna de verse involucrado con los confusos anhelos del borrachito.
Y así fue pasando la noche, entre las músicas y los pedidos ensoberbecidos de quienes se posaban sobre la derrotada figura beoda, que yacía presa de sus tiernos lamentos.
Habrá sido la atracción de la noche, pero el tiempo lleva al olvido, y el hombre, perenne ebrio y asiduo de las barras, es el paso desapercibido de una vida, que se sucede entre vasos, sueños y miradas.

Cuento tonto #23

WagVal F.C
En días como el de hoy, en el que el sol abunda, así también el cielo, deben ponerse en perspectiva todas las dudas que uno puede tener.
Es que parece que la alegría se esconde tras las nubes; cuando éstas se desvanecen, cae como un manto sobre la ciudad una sensación que apacigua a los más aletargados.
Y aquí se haya uno, sentado sobre la incómoda silla de algún local cualquiera, asumiendo el rol del alegre que logra obviar el tedio de la espera y sus vicisitudes.
¡Alegría, alegría!

Cuento tonto #22

WagVal F.C
Entonces entendió que el agua era la calma que había estado buscando por tanto tiempo. Desde su quietud se mantuvo mirándola durante largos ratos. Sintió como la pesadumbre se desvanecía mientras el leve movimiento se dejaba percibir desde la lejanía.
El cielo comenzó a cubrirse y lo que era en un principio una tímida llovizna, terminó por convertirse en una lluvia furiosa y breve. Cada gota retumbaba en el lago, cuyas aguas se mezclaban en la eternidad de sus capacidades. Sentía una fuerza inefable que confabulaba a favor de la felicidad.
El viento botaba hojas y ramas desde los árboles; las aguas eran ahora la vorágine propia de una liberación, acaso la respuesta a una búsqueda oculta que en su manifestación furibunda sosegaba los lamentos que lo habían llevado, en medio de la incertidumbre, a ese preciso momento.
Aprendió a perpetuar la magnitud de ese instante. Cada vez que las incógnitas lo abordaban y parecían superarlo, volvía a aquél lugar, desde el grisáceo presente citadino, y se encontraba con el agua, con el lago, con la calma.

Cuento tonto #21

WagVal F.C
Sobre la interminable avenida caen las hojas secas de un otoño anaranjado.
El pasar de los autos provoca una breve danza indómita que cesa con la soledad.
Crujen los pasos cansados; la inquieta melodía que pasa desapercibida.
Y se escribe entre las aceras un cuento que se va contando solo, a merced del tiempo y sus disposiciones.

Cuento tonto #20

WagVal F.C
/Sobre el vaivén incierto del amor temporal
La noche dejó de ser amarga con la llegada de la luna.
Se tomaron de la mano y escucharon un disco de The Wings.
Bebieron de la misma copa, acompañados por un cigarro.
Trataron de recordar el lugar en donde se supieron vivos.
Observaron la delicadeza con la que el sol comenzaba a aparecer.
Hicieron de la mañana, un espacio para soñar a destajo.
Esperaron la penumbra de la paloma, así a la luna y sus acompañantes.
La dulce y mutua compañía los mantuvo sin enterarse
de como las horas se desvanecían
entre sus pausas
y sus
discusiones
antojadizas.

Cuento tonto #19

WagVal F.C
La última vez que se vieron, ambos tenían la sensación de que no volverían a hacerlo en mucho tiempo. Ninguno de los dos lo dijo, sin embargo.
Se reunieron en uno de los parques predilectos. En el lugar en donde tantas otras veces habían conversado sobre la posibilidad de viajar.
Esta vez, esta última vez, procuraron obviar la certeza de la distancia que los separaría indeterminadamente. Se rieron harto. Ignoraron lo venidero.
Cuando la sombra dejó de entorpecer los pasos, una extraña sensación se apoderó de sus pensamientos. Sentían que, a pesar de la prolongación de sus ausencias, era el inevitable destino.
Así que, cada uno por su lado, se despidieron, sin tener la certeza de un nuevo encuentro. Era el comienzo de otra etapa, en la que los caminos se separan. Momento que alguna vez imaginaron, hace muchos años, en ese parque, cuando los anhelos seguían siendo anhelos.

Cuento tonto #18

WagVal F.C
La otra vez estaba caminando por un parque muy acogedor. Tenía hartos árboles. Uno agradece árboles en medio de la ciudad. A veces se nos olvida que la naturaleza es lo común; el cemento es un invitado arrollador.
Senté, como siempre me ha gustado, en una de esas bancas llenas de garabatos y mensajes de amor. Y esperé a que los colores cambiaran, que el día mostrase sus caras más diversas.
Ahí me pasé la tarde entera, viendo pasar a las personas, acusando un hambre que saciaba con tabaco, o con alguna anotación imprecisa en mi libreta.
Llegué a casa y más de alguno me preguntó por el relajo evidente con el que venía dando como pequeños saltos. No me entendieron, pero a mí los parques y, en su versión más íntima, las plazas, me hacen creer que aún hay calma en medio de la vorágine santiaguina.

Cuento tonto #17

WagVal F.C
¿Te ha pasado que ves a una persona, reconoces su cara, pero simplemente no puedes recordarla? Bueno, eso me pasó el otro día-dijo.
En la calle Londres. No suelo estar en la calle Londres. Pero ese día en particular, tenía ganas de ir a la calle Londres. Es que hay algo bastante llamativo, una atmósfera calma, a pesar de su cercanía con el ajetreo del centro.
Paré a amarrarme los zapatos y cuando levanté la vista estaba esta persona, que de seguro me reconoció. Puedo estar inventando, chucha, estoy inventando, pero son de esas cosas que uno siente desde adentro, más que con el corazón, con la guata.
Así que me preocupé de mirarla a los ojos. Y bien sabes lo que me cuesta, lo difícil que es para mí mirar a una persona a los ojos por un tiempo prolongado. Sobre todo si no la conozco. Pensará que soy un pervertido, pensé.
Curiosamente la persona me miró, se detuvo y me quedó mirando. Yo estaba con los cordones aún en las manos y la miraba impávido, como si fuese una aparición demasiado encantadora.
Sí, obvio que me dio vergüenza, al principio. Pero no sé, habrán pasado diez, quince, veinte segundos en los que de una vereda a otra -la distancia es mínima porque esos callejones son bastante estrechos- nos miramos, como dejándonos llevar.
Puede que hayamos estado jugando a quién cedía primero. Era un desafío silencioso, íntimo, poco corriente. Así que mientras duró nuestra lucha de miradas, dejé de pensar, dejé la vergüenza. Sólo intentaba recordarla.
Pasó un grupo de personas y, como en las películas, la conexión entre nosotros se quebró. Comenzó a alejarse lentamente, con el caminar de quién aparece y desaparece.
No, no pude recordarla, no tengo idea si en realidad la conozco o tal vez es todo una elucubración. La cosa es que por un momento nos pertenecimos. Vaya a saber uno lo que esa persona habrá pensado. ¡Imagina lo que le habrá dicho a sus amigos!
En fin. Dime loco, pero para mí, este tipo de situaciones son únicas en la vida, porque son de esas cosas que uno lee en una novela o ve en una película.
Es posible que quizás nunca nos conocimos, que quizás los dos estábamos teniendo el mismo dilema: reconocernos si siquiera habernos visto. Y eso es lo lindo, compartir un momento a pesar de nuestras distancias. A pesar de no sabernos.

Cuento tonto #16

WagVal F.C
De cómo reír (y no fallar en el intento)
Lo primero es la confianza. La confianza es muy importante. Te predestina y te predispone.
Arrugas el papel, cartón si quieres. Si no, no. El material, un par de vueltas, lames ahí y allá, voilá.
Música y entregarte. Es muy importante. Entre garse. Conversa, tonteras, seriedades, conversa. Sobre todo tonteras.
Imagina, que vas, por ahí, leeeeeeejos. Y te encuentras, con gente. Te hablan, les hablas, se ríen, de la historia, que normalmente, parece fome.
No te atrapes, mejor anda y dale color. Sí, dale, dale color, que hay que pasarlo bien. Cerveza, helada, sorbos largos y certeros.
Si te duele la guata, es un buen indicador. Si te miras al espejo, y te ríes de tus ojos saltones, nariz de papa y orejas elefantescas, de esos matices cambiantes, de los colores brillantes, dale. Es un buen indicador.
No sé. Pero hay muchas, muchas formas. Yo me acuerdo de esa ahora, porque, bueno, es bastante divertida.
Já.
Con la tecnología de Blogger.

El nombre

Penumbra de la paloma
llamaron los hebreos a la iniciación de la tarde
cuando la sombra no entorpece los pasos
y la venida de la noche se advierte
como una música esperada y antigua,
como un grato declive (…)

Calle desconocida, J.L.B