/Sobre el vaivén incierto del amor temporal
La noche dejó de ser amarga con la llegada de la luna.
Se tomaron de la mano y escucharon un disco de The Wings.
Bebieron de la misma copa, acompañados por un cigarro.
Trataron de recordar el lugar en donde se supieron vivos.
Observaron la delicadeza con la que el sol comenzaba a aparecer.
Hicieron de la mañana, un espacio para soñar a destajo.
Esperaron la penumbra de la paloma, así a la luna y sus acompañantes.
La dulce y mutua compañía los mantuvo sin enterarse
de como las horas se desvanecían
entre sus pausas
y sus
discusiones
antojadizas.
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