La última vez que se vieron, ambos tenían la sensación de que no volverían a hacerlo en mucho tiempo. Ninguno de los dos lo dijo, sin embargo.
Se reunieron en uno de los parques predilectos. En el lugar en donde tantas otras veces habían conversado sobre la posibilidad de viajar.
Esta vez, esta última vez, procuraron obviar la certeza de la distancia que los separaría indeterminadamente. Se rieron harto. Ignoraron lo venidero.
Cuando la sombra dejó de entorpecer los pasos, una extraña sensación se apoderó de sus pensamientos. Sentían que, a pesar de la prolongación de sus ausencias, era el inevitable destino.
Así que, cada uno por su lado, se despidieron, sin tener la certeza de un nuevo encuentro. Era el comienzo de otra etapa, en la que los caminos se separan. Momento que alguna vez imaginaron, hace muchos años, en ese parque, cuando los anhelos seguían siendo anhelos.
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