viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuento tonto #17

WagVal F.C
¿Te ha pasado que ves a una persona, reconoces su cara, pero simplemente no puedes recordarla? Bueno, eso me pasó el otro día-dijo.
En la calle Londres. No suelo estar en la calle Londres. Pero ese día en particular, tenía ganas de ir a la calle Londres. Es que hay algo bastante llamativo, una atmósfera calma, a pesar de su cercanía con el ajetreo del centro.
Paré a amarrarme los zapatos y cuando levanté la vista estaba esta persona, que de seguro me reconoció. Puedo estar inventando, chucha, estoy inventando, pero son de esas cosas que uno siente desde adentro, más que con el corazón, con la guata.
Así que me preocupé de mirarla a los ojos. Y bien sabes lo que me cuesta, lo difícil que es para mí mirar a una persona a los ojos por un tiempo prolongado. Sobre todo si no la conozco. Pensará que soy un pervertido, pensé.
Curiosamente la persona me miró, se detuvo y me quedó mirando. Yo estaba con los cordones aún en las manos y la miraba impávido, como si fuese una aparición demasiado encantadora.
Sí, obvio que me dio vergüenza, al principio. Pero no sé, habrán pasado diez, quince, veinte segundos en los que de una vereda a otra -la distancia es mínima porque esos callejones son bastante estrechos- nos miramos, como dejándonos llevar.
Puede que hayamos estado jugando a quién cedía primero. Era un desafío silencioso, íntimo, poco corriente. Así que mientras duró nuestra lucha de miradas, dejé de pensar, dejé la vergüenza. Sólo intentaba recordarla.
Pasó un grupo de personas y, como en las películas, la conexión entre nosotros se quebró. Comenzó a alejarse lentamente, con el caminar de quién aparece y desaparece.
No, no pude recordarla, no tengo idea si en realidad la conozco o tal vez es todo una elucubración. La cosa es que por un momento nos pertenecimos. Vaya a saber uno lo que esa persona habrá pensado. ¡Imagina lo que le habrá dicho a sus amigos!
En fin. Dime loco, pero para mí, este tipo de situaciones son únicas en la vida, porque son de esas cosas que uno lee en una novela o ve en una película.
Es posible que quizás nunca nos conocimos, que quizás los dos estábamos teniendo el mismo dilema: reconocernos si siquiera habernos visto. Y eso es lo lindo, compartir un momento a pesar de nuestras distancias. A pesar de no sabernos.

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El nombre

Penumbra de la paloma
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cuando la sombra no entorpece los pasos
y la venida de la noche se advierte
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como un grato declive (…)

Calle desconocida, J.L.B