En días como el de hoy, en el que el sol abunda, así también el cielo, deben ponerse en perspectiva todas las dudas que uno puede tener.
Es que parece que la alegría se esconde tras las nubes; cuando éstas se desvanecen, cae como un manto sobre la ciudad una sensación que apacigua a los más aletargados.
Y aquí se haya uno, sentado sobre la incómoda silla de algún local cualquiera, asumiendo el rol del alegre que logra obviar el tedio de la espera y sus vicisitudes.
¡Alegría, alegría!
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