Nos encontrábamos en la agonía de nuestras distancias. Carecían de valor los temores que segregan a los desconocidos y se rectificaba la impetuosa pasión de quienes sienten una atracción innegable.
Podía ser delirio o tal vez la fantasía urbana que se figura en el aire mediante las miradas que se cruzan, se evitan, se acordonan. Había evidencia, desde luego, de que el sabor resultante de nuestra vacilación por acercarnos era el correcto caminar hacia el perecimiento de las vergüenzas.
Entonces cuando de pronto las puertas del vagón se abrieron y nos enfrentamos, sabiendo que el tiempo es el único impedimento de nuestra quimera, se deja caer como un manto enorme, la melodía que espero que se escuche en el andén y la estación entera.
Maybe I'm amazed, decía la canción, y es así como nos dejamos llevar por ella.
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