viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuento tonto #22

WagVal F.C
Entonces entendió que el agua era la calma que había estado buscando por tanto tiempo. Desde su quietud se mantuvo mirándola durante largos ratos. Sintió como la pesadumbre se desvanecía mientras el leve movimiento se dejaba percibir desde la lejanía.
El cielo comenzó a cubrirse y lo que era en un principio una tímida llovizna, terminó por convertirse en una lluvia furiosa y breve. Cada gota retumbaba en el lago, cuyas aguas se mezclaban en la eternidad de sus capacidades. Sentía una fuerza inefable que confabulaba a favor de la felicidad.
El viento botaba hojas y ramas desde los árboles; las aguas eran ahora la vorágine propia de una liberación, acaso la respuesta a una búsqueda oculta que en su manifestación furibunda sosegaba los lamentos que lo habían llevado, en medio de la incertidumbre, a ese preciso momento.
Aprendió a perpetuar la magnitud de ese instante. Cada vez que las incógnitas lo abordaban y parecían superarlo, volvía a aquél lugar, desde el grisáceo presente citadino, y se encontraba con el agua, con el lago, con la calma.

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El nombre

Penumbra de la paloma
llamaron los hebreos a la iniciación de la tarde
cuando la sombra no entorpece los pasos
y la venida de la noche se advierte
como una música esperada y antigua,
como un grato declive (…)

Calle desconocida, J.L.B