Hay en el pasar desapercibido una magnífica oportunidad para aquellos que no procuran desvivirse por el elogio constante e injustificado.
Esta maravillosa oportunidad refiere al anonimato más noble; aquél que se manifiesta a las espaldas de los vanagloriados. En las sombras del sediento.
Yo por ejemplo, intento con grandes cuotas de éxito, hacerme el desentendido y mirar hacia un lado cuando se me acerca alguna felicitación que, sobre todo, no merezco.
Por eso mismo soy amigo del anonimato. Porque hay quién nace para las luces y quién, como yo, nació para pasar piola.
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