Yo no creía en el absoluto.
Me parecía una definición demasiado grandiosa.
No creo en dios. En ninguna de sus perspectivas.
No soy partidario de partidos políticos.
Me cago en la imitación como forma de pertenencia.
Suelo no pertenecer a grandes grupos sociales.
Y cuando lo hago, parezco perderme.
¿Del amor? Nada está dicho.
En la lectura hay posibilidad.
Y en la escritura espejos y espejismos.
Sin embargo, cuando parecía perder la esperanza, me di cuenta
que el absoluto había estado frente a mis oídos
durante tanto tiempo;
un absoluto llamado The Beatles.
Well, shake it up, baby.
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